Muerte de animales en el Zoo de Quetzaltenango y el silencio de la administración agrava la crisis

Noticias VR | La administración del zoológico de Quetzaltenango, bajo Aimé Lemus Urizar, enfrenta severas críticas por la muerte de más del 50% de los animales en el lugar. Ciudadanos denuncian negligencia y falta de profesionalismo, señalando que especies como venados, jaguares, monos y guacamayas han desaparecido. A pesar de la gravedad, Lemus no ha ofrecido explicaciones claras, y la situación del zoológico sigue deteriorándose.

La situación del zoológico de Quetzaltenango es una verdadera tragedia ecológica que ha pasado desapercibida bajo la administración de Aimé Lemus Urizar. Lo que otrora fuera un santuario para animales rescatados del maltrato y el contrabando se ha convertido en una fosa silenciosa para más del 50% de la fauna que albergaba. La ciudadanía exige explicaciones y, hasta ahora, la respuesta ha sido el silencio y la negligencia.

¿Dónde están los animales? Antes de la llegada de Lemus Urizar, el zoológico de Quetzaltenango era hogar de una variada fauna que incluía venados, pavos reales, guacamayas, mapaches, monos, tigrillos, jaguares, entre otras especies.

Hoy, ese panorama ha cambiado drásticamente. Las denuncias recibidas por Noticias VR detallan una masacre silenciosa que ha exterminado a la mitad de los animales del lugar. Venados, tucanes, loros, pavos reales, mapaches, monos, pizotes, zorros, incluso un león y un jaguar, han perecido bajo circunstancias misteriosas.

Los ciudadanos señalan que la falta de profesionalismo y la negligencia de la administradora son factores determinantes en esta tragedia. Se ha denunciado que Aimé Lemus Urizar, sin formación alguna en el manejo de animales, no conoce siquiera los nombres de las especies que están bajo su responsabilidad, ni mucho menos sus cuidados específicos, como la vacunación y desparasitación periódica.

Pero lo más preocupante es su incapacidad para enfrentar la situación y rendir cuentas. ¿Por qué la administración no da la cara? Lo más indignante es que, ante el evidente colapso del zoológico, Lemus Urizar continúa en su puesto sin rendir explicaciones a los quetzaltecos. En un intento por maquillar la catástrofe, se le preguntó directamente por la mortandad masiva de animales y su única respuesta fue que “solo había muerto un pato”.

Tal declaración es una bofetada a la verdad y a la inteligencia de la ciudadanía que ha sido testigo de la desaparición masiva de especies que una vez formaron parte de este zoológico. Es inaceptable que una funcionaria encargada de proteger la vida silvestre mienta descaradamente al público y, peor aún, que se esconda de la prensa cuando se le exige una explicación. El deber de la administradora es ofrecer una respuesta clara y contundente sobre las razones que han llevado a la extinción de la fauna en este recinto.

Un ecocidio permitido por la negligencia El zoológico de Quetzaltenango fue concebido como un espacio para resguardar animales en peligro y ofrecerles condiciones dignas de vida. Sin embargo, la falta de personal capacitado y la ineptitud de la administración actual han convertido este lugar en un cementerio de fauna. La realidad es que Aimé Lemus Urizar no tiene el conocimiento ni la experiencia necesaria para manejar un zoológico, y esta incompetencia ha cobrado la vida de decenas de animales.

¿Dónde están los especialistas en fauna que antes cuidaban de estos animales? ¿Por qué no se ha buscado asistencia profesional para detener la tragedia? Los quetzaltecos tienen derecho a saber por qué una vez hubo un vibrante serpentario y ahora no queda una sola serpiente ni iguana en el zoológico. La fauna local, que ya se encuentra amenazada por la deforestación y el contrabando, ha sufrido un golpe mortal en el lugar que debería ser su refugio.

La tala de árboles y la desaparición de la fauna: ¿un patrón de destrucción? El ecocidio en el zoológico no es el único ataque al medio ambiente que los quetzaltecos han presenciado en los últimos años. Basta recordar la polémica tala de 60 árboles en el parque Benito Juárez, una decisión que indignó a la población y que sigue sin recibir justificación clara por parte de las autoridades municipales. La desaparición de más de la mitad de los animales en el zoológico parece seguir el mismo patrón de destrucción, donde la falta de planificación y el desinterés por el entorno natural reinan impunes.

Los animales del zoológico, muchos de los cuales fueron rescatados de redes de contrabando y maltrato, deberían estar bajo protección del Estado y de una administración responsable. Sin embargo, hoy están muriendo por falta de cuidados básicos y, en muchos casos, por abandono total. La desaparición de especies como el jaguar, símbolo de la biodiversidad de la región, es una pérdida irreparable no solo para el zoológico, sino para todo el ecosistema local. Exigencias de la población La situación es insostenible.

La ciudadanía demanda que Aimé Lemus Urizar dé la cara y explique con transparencia qué ha sucedido con los animales del zoológico. No se puede seguir permitiendo que los responsables de esta tragedia continúen escondidos detrás de mentiras y omisiones. Es urgente que se realice una auditoría independiente que determine las verdaderas causas de esta mortandad y que se adopten medidas inmediatas para detener el deterioro del zoológico. Además, es fundamental que se contrate a profesionales capacitados en el cuidado de fauna silvestre para que la vida de los pocos animales que aún quedan no corra la misma suerte que la de sus compañeros.

Los quetzaltecos no pueden seguir observando cómo su patrimonio natural se desvanece ante sus ojos sin que haya consecuencias para los responsables. ¿Qué sigue para el zoológico? De seguir esta tendencia, el zoológico de Quetzaltenango podría quedarse sin animales en cuestión de meses. Lo que era un refugio para animales en peligro se ha convertido en un símbolo de la incompetencia y el abandono. Si Aimé Lemus Urizar no está a la altura de la responsabilidad que conlleva su cargo, debe renunciar de inmediato y dejar paso a personas con la experiencia y el compromiso necesarios para salvar lo que aún queda. Los quetzaltecos han sido testigos de la destrucción de su patrimonio natural, y no callarán hasta que se haga justicia.

La fauna silvestre, en peligro por la mano del hombre, merece ser protegida, no exterminada por negligencia.

Por Noticias VR

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