El músico chileno Beto Cuevas, exlíder de La Ley, ofreció una velada memorable el jueves 18 de septiembre en la Gran Sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, con un espectáculo acústico que ratificó su vigencia y su conexión con el público guatemalteco.
Redacción Ivett Orozco | La noche del jueves 18 de septiembre se convirtió en una celebración musical para miles de guatemaltecos que acudieron a la Gran Sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Allí, Beto Cuevas, exlíder de la legendaria banda chilena La Ley, ofreció un concierto que quedará en la memoria de los asistentes, no solo por la fuerza de su interpretación, sino también por los gestos de cercanía y respeto hacia el público local.
Desde el primer instante, la energía se hizo sentir. Con luces tenues y un montaje sobrio que privilegiaba la intimidad, Cuevas abrió el espectáculo con temas que invitaron a viajar en el tiempo, recordando a los presentes por qué La Ley se convirtió en un referente de la música latinoamericana. Día Cero, Aquí y El Duelo fueron coreados a una sola voz, en un ambiente donde la nostalgia y la emoción se entrelazaban con cada acorde.
Lejos de limitarse a un repertorio de recuerdos, el cantante chileno también compartió su faceta actual, interpretando piezas de su carrera como solista y mostrando una madurez artística que no ha perdido frescura ni intensidad. El formato acústico permitió apreciar cada detalle de su voz y de los arreglos, generando un contacto más directo con el público.
Uno de los momentos más celebrados de la velada fue cuando presentó a dos músicos guatemaltecos como parte de su banda: Mario Nájera en violín y Norman Rodríguez en chelo. La inclusión de estos talentos nacionales fue recibida con una ovación que reflejaba el orgullo del público. Este gesto no solo consolidó la conexión de Cuevas con Guatemala, sino que ofreció un símbolo de integración cultural.
La sala, abarrotada de principio a fin, se convirtió en un coro colectivo. El público, entregado, encendió sus linternas durante Fuera de mí, creando un momento visual y emotivo que el propio Cuevas calificó como “la gloria misma”. Sus palabras de agradecimiento, pronunciadas en varias pausas del concierto, reafirmaron la reciprocidad de afecto que ha marcado la relación del artista con Guatemala a lo largo de su carrera.
El cierre fue apoteósico: El Duelo retumbó en el teatro con la fuerza de miles de voces unidas. El artista se despidió entre aplausos prolongados y una ovación de pie, dejando claro que su música mantiene intacto el poder de convocatoria y la capacidad de emocionar.
Más que un concierto, lo ocurrido en el Teatro Nacional fue una experiencia colectiva, una prueba de que la música de Cuevas trasciende generaciones y sigue generando encuentros memorables. Con la integración de músicos guatemaltecos, el lleno total y la entrega absoluta de sus seguidores, la presentación de Beto Cuevas se inscribe ya como una de las más destacadas de la agenda cultural de este año en Guatemala.
